Comentario después de las elecciones andaluzas

Los resultados electorales ponen de manifiesto tres cuestiones relevantes:

  1. La primera se refiere específicamente a Andalucía: el hartazgo de la sociedad andaluza después de tantos años de monopolio del poder por parte del PSOE y de una casta política monolítica construida a partir de unos centros de poder muy consolidados: Casas del Pueblo, grupos municipales socialistas, cúpulas sindicales de la UGT, juventudes socialistas, Instituto de la Mujer…, y cuya expresión pública más evidente es la propia Susana Díaz.
  2. La segunda es también muy característica de Andalucía, pero en mayor o menor grado es extensible al resto de España: la enorme capacidad de movilizar a la derecha en general y a la extrema derecha en particular que tienen dos fenómenos concretos: el independentismo catalán y la inmigración. Dos fenómenos que son estructurales y están llamados a seguir formando parte de nuestra realidad futura.
  3. La tercera es generalizable a todo el estado español: el incontenible, aunque todavía lento, declive político y electoral de Podemos, sin que en los resultados tenga ninguna relevancia la alianza con Izquierda Unida.

Si el futuro político español estaba lleno de incógnitas, los resultados electorales de Andalucía vienen a ampliarlas.

En primer lugar, en la propia Andalucía.

La perspectiva que, en un primer momento, se abre paso con más posibilidades es la de un gobierno de coalición PP- Ciudadanos, presidido por el PP y con el apoyo parlamentario de Vox. Pero no me parece que la fórmula sea sencilla. En primer lugar, Vox va a estar envalentonado y va a poner condiciones duras, incluso participar en el gobierno. Y Ciudadanos, una vez pasada la euforia inicial, quizás empiece a valorar que las cuentas no le salen tan claras: ¿un gobierno con Vox no significará ya hipotecar definitivamente cualquier imagen de partido de centro, convertirse definitivamente en otro partido más de derechas, condenado a vivir exclusivamente del anticatalanismo?, ¿qué papel le queda en Andalucía, en un gobierno presidido por el PP y en el que quien verdaderamente llamaría la atención sería Vox? ¿Y qué van a opinar Macron y Valls, candidato a la alcaldía de Barcelona, de la alianza de sus aliados españoles con los aliados españoles de Le Pen?

O sea, que no me extrañaría que en los próximos días viésemos movimientos de cintura. Pedro Sánchez ya demostró que la tiene. Rivera, todavía no. Susana Díaz será un obstáculo dispuesta a morir matando, pero después de lo de ayer le queda poco oxígeno. On verra, que decimos los franceses.

La política estatal también sale tocada. Ninguno de los partidos, con la excepción de Vox, puede estar satisfecho de los resultados de Andalucía, a no ser por las desdichas ajenas. En su propia casa, Pedro Sánchez puede aprovechar la ocasión para librarse del último enemigo interno y poner orden en las filas de cara a las próximas citas electorales. Pero su gobierno, que ya era débil, sale todavía más flácido. Las presiones desde todos los lados le van a aumentar todavía más si cabe; su margen de maniobra ante la cuestión catalana va a disminuir. En los próximos días va a tener que seguir deshojando la margarita para decidir por fin si adelanta o no las elecciones generales, aunque lo cierto es que no creo que nadie esté muy interesado en ellas. Para Casado, los resultados de Andalucía son un fracaso personal y se confirma la caída electoral del PP y el fin del bipartidismo. Pero, a su vez, Rivera no consigue el anhelado sorpasso y unas elecciones generales ahora muy bien podrían asegurarle en el poco glamuroso papel de “tercer hombre”.

O sea, que todo sigue muy confuso, más que ayer, con el lío catalán en la sala de máquinas y el gallinero mediático a pleno rendimiento.

Y bueno, ya están ahí. Los veíamos venir, pero siempre teníamos esperanzas de que fueran una mala pesadilla. Pero no. Ya llegaron. Ahora se llaman Vox. antes los conocimos como Fuerza Nueva, Guerrilleros de Cristo Rey, Falange Española y de las JONS… La única ventaja es que los conocemos bien.

Cheni Uría